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Historia

Fructum pro fructo. Silentium pro silentio (Favor por favor. Silencio por silencio)

Algunas leyendas que acompañaron a muchos caballeros cruzados a su regreso de Tierra Santa explicaban que unos oscuros miembros de una secta secreta llamada el Círculo del 8 se habían convertido en auténticos expertos en llevar a cabo lo que ellos definían como «malicidio» y que no era otra cosa que la muerte del mal a través del asesinato indiscriminado de musulmanes. Muchos caballeros cruzados aseguraban que estos hombres religiosos, miembros de una hermandad secreta, reconocidos porque portaban siempre un octógono de tela, eran verdaderos expertos en el arte del «malicidio».

Sus víctimas aparecen con un círculo de tela con un octógono dibujado en su interior, con el nombre de Jesucristo escrito en cada uno de sus lados y con un lema escrito en latín, ‘Dispuesto al dolor por el tormento, en nombre de Dios’, el mismo símbolo que portaba el sacerdote jesuita Jean-François de Ravaillac cuando por orden del papa Pablo V, apuñaló hasta la muerte al rey Enrique IV de Francia en la mañana del 14 de mayo de 1610.

Sus miembros son honorables descendientes del jesuita Ravaillac, en su honesta labor de defender a la Iglesia y a sus altos representantes, el Papa y los miembros del colegio cardenalicio de sus enemigos, allá donde se encontrasen.
La policía de Francia, descubrió entonces que Ravaillac había formado parte de un extraño grupo místico-católico llamado el ‘Círculo Octogonus’ o también conocido como el ‘Círculo de los 8’.

Sus miembros eran ocho fanáticos sacerdotes católicos con obediencia ciega al Sumo Pontífice de Roma, con preparación militar y en particular en el uso de armas especiales, y dispuestos a dar su vida en nombre de la verdadera religión.

Para sus miembros, el ‘Círculo Octogonus’ era su única Fe de vida ante Dios, nuestro Señor y sus oscuras y secretas normas, su único mandamiento.